365 Tao #114, 23 de Octubre: Fe
Fe
A pesar de saber,
Todavía seguir creyendo.
Aunque sin dios arriba,
Todavía dios dentro.
No hay dios en el sentido de un padre o madre cósmicos que proveerá todas las cosas a sus hijos. Tampoco hay alguna burocracia celestial para la petición. Estos modelos no son descripciones de un orden divino, sino que son proyecciones de modelos arquetípicos. Si creemos en lo divino como en una familia cósmica, nos relegamos a nosotros mismos a una perpetua adolescencia. Si consideramos lo divino como un gobierno supremo, somos víctimas para siempre de la inconmensurable oficialidad.
Aún así no nos sirve el abandonar totalmente la fe. De eso no sigue el que podamos preceder a toda creencia en seres superiores. Necesitamos de la fe, no porque hayan seres que nos castigarán o recompensarán, sino porque los dioses son formas maravillosas de describir las cosas que nos pasan. Ellos personifican los aspectos más elevados de las aspiraciones humanas. Los dioses en los altares son metáforas esenciales para la experiencia espiritual humana.
La fe no debería debilitarse porque nos pasan cosas malas o porque se mueren nuestros seres queridos. La buena y la mala fortuna no están en las manos de los dioses, así que es inútil culparlos. La fe tampoco necesita ser confirmada por alguna ocurrencia objetiva. La fe es auto-confirmada. Si mantenemos la fe, entonces tenemos sus recompensas. Si nos volvemos mejores personas, entonces nuestra fe tiene resultados. Somos nosotros los que creamos la fe, y es a través de nuestro esfuerzo que la fe es validada.
A pesar de saber,
Todavía seguir creyendo.
Aunque sin dios arriba,
Todavía dios dentro.
No hay dios en el sentido de un padre o madre cósmicos que proveerá todas las cosas a sus hijos. Tampoco hay alguna burocracia celestial para la petición. Estos modelos no son descripciones de un orden divino, sino que son proyecciones de modelos arquetípicos. Si creemos en lo divino como en una familia cósmica, nos relegamos a nosotros mismos a una perpetua adolescencia. Si consideramos lo divino como un gobierno supremo, somos víctimas para siempre de la inconmensurable oficialidad.
Aún así no nos sirve el abandonar totalmente la fe. De eso no sigue el que podamos preceder a toda creencia en seres superiores. Necesitamos de la fe, no porque hayan seres que nos castigarán o recompensarán, sino porque los dioses son formas maravillosas de describir las cosas que nos pasan. Ellos personifican los aspectos más elevados de las aspiraciones humanas. Los dioses en los altares son metáforas esenciales para la experiencia espiritual humana.
La fe no debería debilitarse porque nos pasan cosas malas o porque se mueren nuestros seres queridos. La buena y la mala fortuna no están en las manos de los dioses, así que es inútil culparlos. La fe tampoco necesita ser confirmada por alguna ocurrencia objetiva. La fe es auto-confirmada. Si mantenemos la fe, entonces tenemos sus recompensas. Si nos volvemos mejores personas, entonces nuestra fe tiene resultados. Somos nosotros los que creamos la fe, y es a través de nuestro esfuerzo que la fe es validada.
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