365 Tao #76, 15 de Septiembre: Santidad
Santidad
Toda alma es inviolable,
Cualquier pensamiento puede ser privado.
La meta más profunda es
Encontrar la fuente de la santidad.
El cuerpo puede ser saqueado y cortado en pedazos, pero la mente puede ser nunca invadida. Es sólo cuando permitimos que otros nos influencien que nuestras mentes pueden ser penetradas. El mal puede prosperar en esclavizarnos física, emocional o mentalmente, pero sólo puede hacerlo mediante el engaño. Es por eso que debemos recordar la santidad de nuestra propia alma. Nuestros pensamientos son privados. Mientras seamos determinados, el mal no puede dominarnos. La gente piensa que otros pueden leer la mente o que los dioses vigilan nuestros movimientos. Ningún maestro, ningún psíquico, ningún dios puede franquear nuestra puerta interna si elegimos no dejarlo entrar.
Al retirarnos a la santidad de nuestras almas, también podemos conocernos a nosotros mismos. Este esfuerzo no puede ser llevado a cabo por otros. Puede sólo ser logrado mediante el propio esfuerzo de vivir y dedicandonos a la contínua contemplación. Sólo nosotros podemos entrar al más sagrado núcleo de nuestro ser y encontrar los secretos de la vida.
Toda alma es inviolable,
Cualquier pensamiento puede ser privado.
La meta más profunda es
Encontrar la fuente de la santidad.
El cuerpo puede ser saqueado y cortado en pedazos, pero la mente puede ser nunca invadida. Es sólo cuando permitimos que otros nos influencien que nuestras mentes pueden ser penetradas. El mal puede prosperar en esclavizarnos física, emocional o mentalmente, pero sólo puede hacerlo mediante el engaño. Es por eso que debemos recordar la santidad de nuestra propia alma. Nuestros pensamientos son privados. Mientras seamos determinados, el mal no puede dominarnos. La gente piensa que otros pueden leer la mente o que los dioses vigilan nuestros movimientos. Ningún maestro, ningún psíquico, ningún dios puede franquear nuestra puerta interna si elegimos no dejarlo entrar.
Al retirarnos a la santidad de nuestras almas, también podemos conocernos a nosotros mismos. Este esfuerzo no puede ser llevado a cabo por otros. Puede sólo ser logrado mediante el propio esfuerzo de vivir y dedicandonos a la contínua contemplación. Sólo nosotros podemos entrar al más sagrado núcleo de nuestro ser y encontrar los secretos de la vida.
Comentarios
Este viernes que acaba de pasar el marido de mi madre se suicidó. Malas pasadas de su mente bipolar. Recovecos oscuros que nadie podía penetrar.
Pero estoy cierta que si bien su mente le jugaba trucos su alma era generosa y pura. Y que al liberarse de su mente enferma, está ahora de regreso en el Tao y encontró la paz.
A nosotros nos queda que la compasión nos traiga también paz.
Es cierto lo que dices; sólo me queda dar apoyo. Espero poder hacerlo bien y aliviarle en algo la pena a mi mamá.
Como bien dices, las pérdidas te dejan bastante más que dolor. Hay un montón de aprendizaje.
Estoy tremendamente impactado por lo que comentas en este espacio. La verdad es un tema muy sesible.
Bueno, allá por el tiempo en que decidí responder tu posting sobre "dejar ir la pena", viví otra experiencia muy terrible. Un estudiante se quitó la vida. Fue un tema muy complejo para mi, porque era alguien que conocí el año pasado en un seminario en que yo estaba colaborando y hace unos meses nos habíamos juntado a conversar con un café. Un par de semanas antes de terminar con su vida, él me contactó para reunirse a conversar, pero yo había sido asignado en esa sección de la universidad para trabajar en taller con los estudiantes. Por ese motivo yo le dije que no podía juntarme a tomar un café ni con él, ni con ninguno de los estudiantes de esa sección. Le aclaré que se trataba de un tema de trabajo, nada personal.
El día martes yo les hice clase, y lo vi irse muy silencioso. La semana siguiente un colega me comentó de lo sucedido. Ese mismo martes él regresó a su departamento y se lanzó por la ventana. Me impactó profundamente y me dolió. Él había agradecido, a mi y a mi jefe en esa sección (que es un sacerdote), la influencia que habíamos tenido sobre él el año pasado, y esperaba que yo guiara su futura tesis. Y mi posición laboral, o mi falta de caridad, me impidió conversar con él, escucharlo, tal vez orientarlo de manera que evitara esta triste decisión. Quise comentarlo contigo en ese entonces, porque me hiciste sentir confianza, pero no encontré lugar apropiado en tus postings, hasta ahora en que comentas el trágico final del marido de tu madre. Lo encuentro tremendo.
Supongo, querida Karin, que debemos vivir la pena, sentirla dentro, para luego dejarla ir. Sin embargo, las etapas iniciales de estos procesos son demandantes y en cierta medida inquietantes.
Te agradezco mucho este espacio en que compartes con el mundo y te deseo siempre lo mejor. A todos los que nos detenemos en tu 365 Tao Meditations siempre nos regalas sabiduría y cordial comprensión, cosas muy anheladas en el mundo drástico y veloz que vivimos a diario.
Gracias.
Un abrazo,
EB
--
Imagino todas las preguntas que te rondan, todos los distintos escenarios imaginados, todos tus reproches...
Cuando actuamos, lo hacemos en base a la combinación de la información que tenemos y de lo que hay en nuestro interior.
Cuando después de hacer algo quisiéramos haberlo cambiado "si hubiésemos sabido", sabemos que no podemos volver atrás el reloj para cambiar los resultados; pero sí podemos volver a organizar las cosas en nuestra mente, y pensar qué habríamos hecho. Porque así, aunque de una forma dolorosa, ganamos experiencia.
Mientras más experiencia tenemos, más información podemos "leer" de una situación, más riqueza tienen nuestros recursos interiores.
Y hasta allí llegamos con eso. Vivimos la pena, internalizamos la experiencia para volvernos un poco más sabios y compasivos. Una vez hecho eso, que tomará más o menos tiempo acorde a cuánto nos cueste encontrar respuestas, podemos "dejar ir".
Al menos así lo veo yo. Pero claro, no se sería capaz de aplicar mi teoría si me pasa algo realmente terrible, como perder un hijo. Espero no tener que averiguarlo nunca.
Sólo queda volver a ponerse de pie, y seguir caminando... aunque necesitemos bastón por un rato.
Un fuerte abrazo,
Karin
PD: Puedes escribirme a kusach en gmail.com (lo pongo así para evitar que lo lean los robots y me llenen de spam)