365 Tao #302, 29 de Abril: Madurez

*Madurez*

La inmortalidad no engendra sabiduría.
Sólo la mortalidad engendra madurez.


Hay personas en este mundo que han tenido suficiente aventuras para varias vidas. Ellos son lo más cercano a lo que podemos concebir como inmortales. Sin embargo algunas de estas personas son imposiblemente inmaduras. Después de todo, cada vez que la vida se les puso difícil, cambiaron el rumbo y por suerte el nuevo camino siempre fue rico y fructífero. La vida venía tan fácil que se sirvieron más de una porción.

Desafortunadamente, la madurez sólo llega con la amenaza de la mortalidad. El éxito sólo viene con la amenaza del fracaso. Sin presiones, no tendríamos un plan, no utilizaríamos la sabiduría, ni ejercitaríamos el cuidado. Nos damos cuenta de que tenemos sólo un tiempo muy corto para conseguir un logro, para probar que nuestra existencia valió la pena, y por eso nos esforzamos más duramente. Un inmortal no puede nunca concebir semejante esfuerzo.

Sería bueno si nuestras tradiciones religiosas nos proporcionaran un camino infalible a través de la vida. Después de todo, vivimos un tanto fortuitamente: Nuestras vidas son un tapiz tejido tanto de equivocaciones como de éxitos. La religión no siempre nos proporciona un patrón significativo. Tenemos que tomar nuestras decisiones lo mejor que podemos, y a medida que maduramos, podemos ver mejor nuestro camino.

Nos motiva la muerte. Nos asusta el fracaso. Tenemos que hacer las paces con este mundo misterioso, a veces hostil. Un inmortal no necesita tener que arreglárselas con nada de esto. Pero nosotros como mortales debemos hacerlo, y debemos esforzarnos por hacer una buena actuación por nosotros mismos.

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